Entrevista a Alejandra Vicuña. "El arte siempre ha sido para mí una forma de hacerme cargo de lo que siento"

Fuente: Entrevista realizada por el Colegio de Arteterapeutas de Chile. Boletín #7, Julio 2020.

 

Alejandra Vicuña, es arteterapeuta y miembro titular de la Asociacion Profesional Española de Arteterapeutas, en esta entrevista nos cuenta de su recorrido hasta llegar al arteterapia. A nivel más personal el arteterapia "significa ser consecuente con mi manera de ser y de entender las cosas”. Por otra parte nos cuenta la importancia que le otorga a la supervisión para acompañar un proceso terapéutico y cómo es su relación con el arte.

Actualmente dirige un taller de Arteterapia para el desarrollo creativo en la mujer, taller que ofrece de manera presencial y online. Además ha trabajado en centros de educación especial, fundaciones para personas con diversidad funcional, centros de día para adolescentes en riesgo de exclusión social y residencias de acogida para familias monoparentales.

 

¿Qué te animó a profundizar en este campo?

Cuando escuché por primera vez la palabra Arteterapia, tuve clarísimo que era la profesión a la que quería dedicarme. Cuando estudié Bellas Artes, nunca pude separar lo emocional y los procesos internos de mi obra. De hecho, creo que siempre utilicé el arte como una herramienta expresiva y terapéutica de manera intuitiva.

 

¿Dónde te formaste como Arte Terapeuta?

En Barcelona, en un Máster ofrecido por la Universidad Pompeu Fabra.

 

¿Tienes algún referente al momento de trabajar? ¿En quién o qué te inspiras?

A nivel artístico creo que es el arte outsider el que más me inspira esa sensación de pureza, de desprejuicio y libertad que me fascina del contexto que propone el Arteterapia. Un marco que ofrece la experiencia del arte como una forma de conexión directa contigo y con la vida. La obra de Judith Scott, por ejemplo, que me llega hasta el tuétano, y el trabajo que se hace desde el Creative Growth Art Center en California con personas con discapacidades físicas y psíquicas.

A nivel profesional hay muchísimas arteterapeutas que me inspiran. Aquí en España podría nombrar a Nadia Colette y su trayectoria dentro del contexto de duelo y acompañamiento al final de la vida a pacientes oncológicos en el Hospital de Sant Pau. Creo que su aporte a la investigación y a la profesión es inestimable. 

 

Luego, a nivel personal, nombraría a Nuria Tomás, psicóloga y psicoterapeuta de la ACPP, que fue mi terapeuta durante mi formación y después de ella, de quién aprendí muchísimo sobre cómo llevar un proceso terapéutico, cómo cuidar un encuadre, cómo escuchar a un paciente, cómo sostener el desborde, cómo confiar en las capacidades de tus pacientes, cómo mirar con pespectiva y cómo cuidar la relación que construyes con ellos/as. También a las supervisoras que guían mis pasos y aportan sus miradas más expertas. 

 

¿Cuál o cuales enfoques y metodologías de trabajo utilizas? 

Por la formación que recibí desde el Máster, el encuadre terapéutico que utilizo es el modelo de la psicoterapia relacional, que se basa en la relación entre el terapeuta y el paciente como principal herramienta de apoyo.  La metodología es la de ofrecer un espacio expresivo para la creatividad espontánea intentando dirigir lo menos posible este proceso. Intento dar muchísima variedad de material para que los participantes encuentren inspiración y bienestar en ello y luego ofrecer un espacio de escucha e intercambio. 

 

 ¿En qué ámbito trabajas?

Actualmente estoy colaborando con un Instituto de Arteterapia Valenciano (IDECART) que propone vías de intervención muy amplias e interesantes. Desde allí estamos trabajando en un proyecto de acompañamiento y prevención al duelo dentro del marco del COVID-19. También ofrezco consulta individual presencial y online. Mi proyecto personal más antiguo es un taller de desarrollo personal y creativo para mujeres que lleva 4 años en marcha. Ahora mismo estoy convirtiéndolo a modalidad online, para poder seguir ofreciéndolo de manera virtual y superar las difíciles barreras que el COVID-19 nos ha impuesto a todos. 

 

¿Siempre has trabajado con el mismo colectivo?

No, he tenido experiencias muy diversas en cuento a colectivos. Quizás donde más experiencia tengo es trabajando con personas afectadas de parálisis cerebral. Después de convertirme en madre quise enfocarme en la maternidad y la vinculación temprana, la familia y la infancia. Últimamente he querido profundizar en espacios de arteterapia para la mujer. 

 

 ¿Cómo logras realizar tu trabajo como arteterapeuta en un país donde no es

reconocido el Arte Terapia como profesión?

 

Es difícil abrir puertas a una profesión que es desconocida y que a veces provoca cierta confusión. Suele ser entendido como un taller de manualidades o un taller ocupacional y hay un extenso trabajo en dar a conocer al arteterapia como un tratamiento terapéutico que abarca con más profundidad el proceso creativo de las personas para ayudarles a tener una mayor comprensión sobre sí mismos y sus procesos internos. Y aunque en general es bien aceptado y suele haber entusiasmo desde las instituciones, el principal obstáculo que me he encontrado para la realización de proyectos son las financiaciones.Es común que se ofrezca primero como un proyecto piloto y una vez en marcha y valorados sus resultados pueda obtener financiación por parte del centro o de otras fuentes.

 

¿Cuáles han sido las mayores satisfacciones y/complejidades que has encontrado en tu

trabajo como arte terapeuta?¿Puedes compartir alguna experiencia o anécdota

relevante?

 

La verdad es que las satisfacciones son continuas en este trabajo. Trabajar en el marco terapéutico es un enriquecimiento continuo, que constantemente te hace reflexionar sobre la complejidad y diversidad de intercambio en las relaciones humanas. Me hace muy feliz conseguir una conexión sincera con las personas que trabajo y me hace muy feliz ayudarles a tomar perspectiva para volver a crearse a sí mismos. Además, el lenguaje que impera es el lenguaje plástico, que permite ir a terrenos más subjetivos, metafóricos, poéticos incluso. Hablar con un paciente en estos términos aporta mucha riqueza a la relación terapéutica. Otras veces si el paciente no tiene recursos para el pensamiento abstracto y el reconocimiento interno, entonces su obra puede ayudarle a imaginar una historia y desvelar una narrativa que él desconocía hasta ahora. Quizás lo más complejo en este trabajo es hacerse cargo de uno mismo y de cómo afecta la vida de los pacientes en tu vida personal. Eso requiere que hagas una valoración constante de ti mismo y supervises continuamente tu trabajo para ofrecer un apoyo seguro al paciente. También tener la suficiente voluntad de cambio para lograr transformaciones personales que serán la herramienta directa con tus pacientes.

 

¿Qué significa para ti ser Arteterapeuta? ¿Por qué?

Significa ser consecuente con mi manera de ser y de entender las cosas. El arte siempre ha sido una forma directa de hacerme cargo de lo que siento.

 

¿Qué esperas y cómo te proyectas como arteterapeuta?

Seguir luchando por el reconocimiento de la profesión y continuar trabajando en esta preciosa disciplina.

 

¿Quién debería escoger formarse como arteterapeuta? ¿Qué necesita para ser un /una buen / buena arteterapeuta?

 

Cualquier persona que con sensibilidad por el arte y las relaciones humanas y que le resulte completamente evidente la relación entre el arte y la salud. Se necesita mucha vocación y voluntad de crecimiento personal. Es la base para acompañar a personas en sus procesos de cambio y crecimiento. 

 

¿Cuál es tu faceta artística?

 

Me gusta mucho profundizar en mí y utilizar el arte para contar mi historia. Me gusta conocer mis estados anímicos, comprender el origen de mis motivaciones (positivas y negativas). El arte siempre ha sido un traductor de todo eso que se moviliza con tanta fuerza dentro mío. Cuando estudié Bellas Artes era mas formal a la hora de representar ese mundo interno, muy exigente y abusaba de la intelectualización de mi obra. Ahora la práctica es casi ritualística: muy íntima, sin importar el formato, sin importar el medio, sin importar el resultado. Me gusta que sea efímero, porque lo utilizo para comunicarme conmigo. A veces son dibujos, a veces escritos, a veces elementos que me encuentro en el bosque, a veces fotografías. Lo importante es que entro en mí y disfruto de esa meditación.

 

 

 

 

 

 

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